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Visitando México con una amiga mexicana

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Gracias a una invitación de Foodie Hub estuve en Ciudad de México. Fueron tres días en el hogar de una bonita familia mexicana y otros tres días en el Inter Continental Presidente, en Polanco. Aquí les cuento de mi estadía en casa de la señora Carmen Russ y en un próximo post les contaré de lo que hicimos con Foodie Hub…

Cantaitos de Mexico para Venezuela…

En Ciudad de Mexico muchos me preguntaron sobre la situación de Venezuela. Antes, cuando llegaba a cualquier país, me preguntaban alegres por las misses, luego hasta con risas por el innombrable difunto, pero ahora sus miradas son de preocupación y solidaridad. A los latinoamericanos les duele lo que ha pasado en nuestro país. Conté varias veces de nuestras penurias, pero luego me cansé y me salió del alma decirle a uno “En Venezuela necesitamos muchos mexicanos, para que nos alegren los días con su hablar cantaito”.

Me di cuenta que entonces sonreían, el tema cambiaba y pasaba a ser México. Allá tampoco son muy bonitas las cuestiones políticas, todos los días vi manifestaciones, pero lo bueno es que a pesar de todo siguen con su bonito tono al hablar y comiendo  sabroso. ¡En todas partes!

 La Casa de Carmen Russ

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Cuando mi hija María Antonia supo que iría a México por unos días, me dijo que tenía que hablar con su amiga Carmen Russ –“no te preocupes, es amabilísima mamá”-, para ver si me podía quedar a dormir en su casa y conocer un poco más de México. Me encantó la idea, pero solo me di cuenta de lo importante que sería aquella visita cuando me senté con ella y sus cuatro nietos en la mesa para cenar.

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Ellos compartirían conmigo aquel fin de semana y yo aprendería mucho  de su forma de vida. Anita -una señora bajita en estatura y con un corazón inmenso- tiene un montón de años trabajando en casa de Carmen y nos había preparado unos deliciosos tacos dorados rellenos con pollo. Aparte estaban las salsas que cada uno les pondría en el tope: de tomatillo –tomate verde-, de jitomate –tomate perita-, guacamole –aguacate- y crema de leche. Más el siempre sabroso queso de Oaxaca. Nos comimos entre cinco y seis tacos cada uno, estaban de verdad riquísimos.

Insectos y picantes para machos machos

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Cuando pregunté si en las casas también comían muy picante, los nietos de Carmen comenzaron a hablar entre ellos sobre lo sabrosos que son los diferentes ajíes y con qué platos les gustan. Me sorprendieron con su conversación sobre chiles, jalapeños, poblanos, serranos, y exclamé “Los niños venezolanos no comen picantes. Se dice que solo los hombres, los que son machos, machos, machos, comen picantes”. Uno de ellos me dejó boquiabierta al responder “Si. ¡Solo los muy machos comen picantes!”.

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Y yo, que antes me ponía furiosa cada vez que Vicente cocinaba algo con picante, y que me negaba a cualquier invitación de Nelson Mendez a probar comida del Amazonas, aprendí a comer de todo en México. Salsas, insectos como gusanos, hormigas, cocos y hasta chapulines –o grillos– picantes. No me molestaron porque me di cuenta que casi todos los insectos que se comen en México vienen ya deshidratados, tienen poco sabor natural, y que el secreto es no verlos antes de comerlos.

El pan de muerto

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Los niños se alegraron muchísimo al ver que el postre de la noche sería un pan de muerto. Es un postre que se come mucho en Mexico, solo semanas antes y hasta el día de los difuntos, el 2 de noviembre. Este era ovalado, con relieves en forma de huesitos, con aroma muy agradable, glaseado con una crema de mantequilla blanca llena de azúcar por todos lados. La abuela lo abrió con solemnidad y todos lo recibimos entusiasmados. Me pareció que tenía la miga de un pannettone pero más suave, casi como una torta, y que la costra era como la de un pan dulce con topping de crema de mantequilla. En realidad, es más un postre que un pan. Traje unos para Caracas.

El desayuno y los huevos veracruzanos

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Ya María Antonia me había contado de los huevos veracruzanos en casa de Carmen, pero hay que probarlos para darse cuenta de lo sabrosos que son. Carmen me explicó todo el proceso mientras los preparaba con Anita. Hace un revoltillo de huevos para rellenar las tortillas delgadas de maíz calientes. Luego, al servir en el plato, las cubre todas con una crema de frijoles. Es un plato delicioso y que se prepara con frecuencia en los hogares mexicanos para el desayuno familiar.

 

La Basílica de Santa María de Guadalupe

 

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Fui con Carmen a visitar la Basílica. La “antigua” y la “nueva” basílica están en lo que llaman La Villa, al pie del cerro Tepeyac. Allí se conserva y se venera el retrato de María Inmaculada Madre de Dios pintado en la tilma del indio Juan Diego con pinceles que, aseguran, no eran normales. La tilma de Juan Diego está hecha de fibra de maguey y normalmente duraría unos veinte años. Aseguran que su conservación en estado fresco durante más de cuatro siglos, es considerada milagrosa.

Este es uno de los templos religiosos más visitados del mundo. Estiman que cada año lo visitan entre 17 y 20 millones de personas. Dicen que entre el 11 y 12 de diciembre llegan a La Villa entre 6 y 7 millones de personas por año. Han instalado unas alfombras eléctricas para que todos puedan admirarla sin que se  hagan concentraciones en el lugar.

 

El Turibus


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Los buses para hacer turismo hop on hop off, con asientos al aire libre, me encantan. En Ciudad de México hay dos compañías, Turibus y Capital Bus. Cuando se hacen visitas cortas a ciudades grandes son maravillosos para ver –aunque sea de lejos- los puntos más importantes de la ciudad. Cada 15 o 20 minutos pasa un bus por cada parada y recoge turistas. Con el mismo boleto que tiene una duración de un día, se puede participar en alguna de las cuatro rutas principales. En dos horas y media hice el circuito del centro histórico de la ciudad.

Me impresionó la fuente Cibeles, idéntica a la de Madrid, donada por la comunidad de residentes españoles y que fue colocada en la plaza, en 1980, como símbolo de hermandad entre los dos países. Emociona atravesar el Paseo de la Reforma (que tiene unos 15 kilometros de largo) y ver personalmente El Angel o Monumento a la Independencia colocado en su pedestal e inaugurado en 1910 conmemorando el centenario de la independencia de México. Con las gradas que le han construido y agregado debido al hundimiento de la ciudad, actualmente mide casi 95 metros de alto. El Monumento a Cristóbal Colón es imponente, indica el camino hacia el centro de la ciudad y está sobre las estatuas de Fray Pedro de Gante, Bartolomé de las Casas, Fray Juan Pérez de Marchena y Fray Diego de Deza.

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Siempre llena de gente, me encantó ver la plaza de El Zocalo o la Plaza de la Constitución. Está rodeado por la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México al norte, el Palacio Nacional, sede del Poder Ejecutivo Federal, el Antiguo Palacio del Ayuntamiento y el Edificio de Gobierno. En uno de los lugares más visitados de la ciudad, el Bosque de Chapultepec -con sus 678 hectáreas-,  está el Museo de Antropología, uno de los más importantes de América Latina.

 

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Luego  me cambié de bus para ir en el que recorre una de las zonas más trendy de la capital: Polanco. Allí están boutiques gourmet como es Qué Bo, del chocolatero José Ramón Castillo. Al final de la tarde me baje en Antara, uno de los centros comerciales más exclusivos de la ciudad y allí muy amable me buscó Carmen.

Domingo por la mañana, ricos sopes  

 

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Nunca antes había oído hablar de los sopes. Carmen me explicó que se preparan unos frijoles, se sazonan, se cocinan y se muelen. Los sopes son unas tortillas de maíz, igual a las que usan para tacos, pero más gruesas y con un borde pellizcado, para rellenar y que no se derrame la salsa. Les puso los frijoles refritos y el pollo desmenuzado. Los comensales en la mesa les ponen a su gusto salsa de jitomate y de tomate. Antes de regresar a Caracas compré un paquete de sopes y aquí los preparamos para el desayuno del domingo siguiente a mi viaje. Así recordamos con cariño lo aprendido en casa de Carmen.

El Mercado de San Juan

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Después de una bonita misa dedicada a los niños, nos fuimos Carmen, sus nietos y yo al Mercado de San Juan, uno de los más visitados por expertos cocineros. Ya me había hablado Carmen de los chapulines, los escamoles y los gusanos de maguey. Pude con los chapulines, y hasta me pareció interesante traer unos para disfrutar en casa, pero no quise probar los gusanos, ni los escamoles, aunque me dijeron que son muy sabrosos y forman parte de la dieta del mexicano. Disfrutamos de un buen queso de Oaxaca. También vi carnes de león, cocodrilo y jabalí. Champiñones de todo tipo, frutos secos, frutas exóticas y hierbas y vegetales.

 

En la tarde estuve dando vueltas por la ciudad en el Capital Bus (parecido al Turibus, pero más corto el recorrido) con algunos de los invitados de Mofilm y Foodie Hub que habían llegado a la Ciudad de México. Al comenzar la noche estuvimos en una cata de mezcal en Chapulines, uno de los restaurantes del Hotel Inter Continental. Fue bueno volver a ver a algunos amigos y conocer a otros relacionados con gustos e intereses afines a la gastronomía.

Al día siguiente muy temprano nos abrazamos y despedimos Carmen Russ y yo. Siempre estaré muy agradecida con ella. No solo porque me prestó una habitación  agradable donde dormir y una buena mesa donde compartir con ella y sus más queridos, sino que también porque me trató como si yo fuera una amiga de toda la vida.

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