?Reserva, por favor!

En los mejores restaurantes de Los Angeles, Nueva York, Londres, Par?s, Madrid, Barcelona y San Sebasti?n se exigen reservaciones. Supongo que tambi?n en Tokio y en Dubai. Supongo que los venezolanos con gustos por la buena mesa cuando llegan a esas ciudades lo primero que hacen es pedir reservaci?n o confirmar las que tienen hechas desde hace varios meses. Entonces no entiendo por qu? en Venezuela nos cuesta tanto reservar.

“Chimba”, una palabra muy usada por mis hijos, es la calificaci?n perfecta que merece la excusa de que “los venezolanos somos as?, no reservamos puesto para comer”. ?Entonces cuando viajamos c?mo hacemos para entrar en los mejores restaurantes? Y…?C?mo se han llenado restaurantes de la talla de Sibaris, Astrid & Gast?n y Shayar? durante sus primeros meses cuando hab?a que reservar hasta con dos y tres semanas de anticipaci?n? Hasta donde s?, no se llenaron con turistas extranjeros provenientes de Estados Unidos, Europa o Asia.

El restaurant El Laurel, en M?rida, exige reservaciones. Porque aunque est? en una regi?n bastante apartada de la capital venezolana, ella tiene lugares muy bellos y muy frecuentados por turistas de todas partes del mundo, sobre todo en esta ?poca. Porque El Laurel es un lugar con reconocido prestigio y alta calidad, sus due?os y su chef, han establecido la norma de las reservaciones. Entonces cuando cualquiera de nosotros decida visitar M?rida y comer tan sabroso y bien atendidos como nos gusta, debemos reservar nuestro puesto en El Laurel, as? como reservamos en el hotel, posada o en la l?nea a?rea que nos lleva hasta all?.

El Chef Takeshi Nagahama est? bravo. Y tiene toda la raz?n. Est? cocinando en M?rida a la altura de los mejores chefs del mundo, buscando nuestros mejores ingredientes, reclamando calidad a sus proveedores y a sus compa?eros de trabajo, dando el mejor servicio y preparando los mejores platos de Venezuela. ?Como nos gusta a los venezolanos! As? que nadie tiene derecho a llegarle y pedirle que lo atienda, sin reservaci?n. ?Nadie! Esa es otra lecci?n, somos nosotros quienes debemos ense?ar a nuestros menores a sentarse a la buena mesa como debe ser. Yo me comprometo.

?Qu? pena Takeshi!

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