Nw Choco Festival 19

Post con sabores del NW Festival de Chocolate

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Valentina Vitols es venezolana y vive en Seattle.

Se entusiasmó cuando le sugerí la posibilidad de que asistiera al NW Festival y escribiera una nota de chocolates para MilSabores.

En el “Post con Sabores de Chocolate” cuenta de lo que más le llamó la atención y comparte sus fotos con  nosotros.

Me encantaría que dejen sus comentarios al final de este post, con sabores de chocolate

Valentina Vitols

valenvitols@gmail.com

Recuerdo la última vez que entré a La Praline en Caracas con el plan de rellenar tres de sus cajas grandes con mis bombones favoritos, inhalando largo y exhalando corto, contando con que el aroma del lugar podría mantener mi corazón de inmigrante inminente en una pieza. Me preocupaba la posibilidad de no poder conseguir bombones como estos en los Estados Unidos y, por ello, en esa oportunidad, me traje más de cien en mi maleta.

Hace ocho años y medio me mudé al Noroeste del Pacífico en los Estados Unidos y de la mano de un americano amante de Venezuela y del sabor del cacao en polvo de La Praline. Aquí comenzamos a buscar ingredientes y sustitutos para mantener vivo el vínculo culinario con Venezuela. Desafortunadamente, yo me vine a Estados Unidos un poco antes de la entrada al mercado de los chocolates de Franceschi (que probé por primera vez en Cacao, ubicada en Portland, Oregon) y las confecciones de Maria Fernanda Di Giacobbe en Kakao en Caracas, así que mi primera misión fue encontrar Chocolates El Rey, quizás la marca de chocolate más internacional de Venezuela en ese momento.

Uno de mis primeros descubrimientos fue Chocolopolis, una boutique de chocolates que para mi es como una galería de arte enfocada en contar con la mejor curaduría de cacao y afines aquí en Seattle. Comencé comprando barras de Mijao y Bucare, ambas muy apreciadas localmente. Pero mi experiencia con cacao venezolano en el exterior estaba por cambiar. Venezuela me hizo crecer amando el cacao, pero fue aquí en Seattle donde descubrí sus diferentes perfiles de sabor, los porcentajes y su intensidad y la belleza de los sabores más complejos que resultan de combinarlo con otros ingredientes.

En Seattle probé las barras de Amaro, Amedei y Domori por primera vez, exponiendo a mi paladar a algo familiar que sabe de maneras diferentes, profundas, dándome la oportunidad de experimentar la belleza de trabajo hecho por chocolatiers internacionales con nuestro preciado cacao.

Igualmente, fue aquí en Seattle, a más de 6,500 kilómetros de distancia de Caracas, donde sentí un orgullo indescriptible al escuchar expertos en la industria del chocolate elogiar al cacao venezolano como uno de los mejores del mundo. No fue un “lo leí en un periódico” o un “me lo contó un amigo”; esto lo escuché directamente de la boca de chocolatiers que gozan de gran respeto y la ocasión fue el Northwest Chocolate Festival, al que fuí por vez primera en el 2009.

Después de unos años de ausencia, asistí de nuevo al Festival el 12 de noviembre. La manera en que ha crecido es increíble y, para mi, es una confirmación clara de la importancia que tiene el chocolate tanto en el mundo gastronómico como en la economía culinaria del mundo. Recuerdo que en el 2009 se celebró en un espacio donde era fácil ver a todos los expositores desde cualquier punto del salón de eventos. Este año, uno se perdía—felizmente—entre pasillos y pasillos de expositores locales, regionales, nacionales y de todas partes del mundo. Al evento, considerado como uno de los mejores del mundo, asistieron aproximadamente 12,000 personas y no habían distinciones: todo amante del chocolate o productos afines—consumidores, familias, profesionales de la industria, compradores para reventa al por menor, chefs, amigos de la prensa y bloggers, entre otros—fue bienvenido con los brazos abiertos. Con el slogan “Decandence Meets Education”, el festival también tuvo un importante objetivo didáctico, ofreciendo más de 70 talleres durante el fin de semana como parte de su mundialmente reconocido programa de educación. 

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En mi recorrido de un poco más de dos horas, tuve el placer de conocer a varios chocolatiers y probar diferentes tipos de productos como barras confeccionadas con cacaos de Cuba, República Dominicana y Filipinas, países cuyo cacao nunca había probado.

 

Mi primera parada fue en el stand de Fran’s Chocolates, cuya dueña, Fran Bigelow, es una respetada chocolatier de Seattle, creadora de los bombones favoritos del Presidente Barack Obama, los “Salted Caramels” que combinan chocolate, caramelo suave y sal. El papel de Bigelow en el mundo del chocolate en los Estados Unidos es vital ya que fue una de las chocolatiers artesanales pioneras en el país. Sus innovadores bombones de caramelo y otras creaciones también ayudaron a poner a Seattle en el mapa mundial del cacao.  Los cambios que se han visto en la industria del chocolate en los Estados Unidos desde que Bigelow comenzó Fran’s Chocolate hace más de 30 años han sido, sin duda, profundos.El stand de Kah Kow, productores de chocolate orgánico y gourmet de República Dominicana llamó mi atención de inmediato. La familia Rizek, dueña de Kah Kow, ha trabajado en la industria del cacao dominicano por más de 100 años. Uno de sus productos estrella es Chocodamia, una pasta de untar que combina nueces de macadamia y chocolate. Lo interesante de esto es que, a medida que me adentré más y más en el salón, no sólo me deleité con muestras de barras, bombones y trufas, también tuve la oportunidad de ver y probar otros productos interesantes como untables, productos sin cacao pero complementarios a este y bebidas que hacen buen “maridaje” con chocolate.

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Mi tercera parada fue en Intrigue Chocolate, uno de mis chocolatiers favoritos en Seattle. Las trufas de Intrigue son diferentes debido a que son confeccionadas con ganache de chocolate con leche de coco y bajo un estricto concepto de “micro batch” con ingredientes y especies de estación. Debido a su naturaleza delicada, estas trufas requieren refrigeración. En Intrigue se encuentran sabores tan únicos como Parmigiano Reggiano, Ghost Chili, Grappa, Fenugreek Seed y Bourbon and Cherries (que sabe como el cóctel Manhattan!). Estas pequeñas barras y trufas cubiertas con una capa fina de cacao en polvo, empacadas y marcadas individualmente a mano, y con un factor de disolución único, son una experiencia sin igual. Aaron Barthel, el cerebro culinario detrás de Intrigue, aporta su experiencia como botanista también y sus creaciones son tan únicas que algunas sólo se han confeccionado una sola vez.

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Pase un rato por los stands de Ecuador para conversar con los representantes de Kacau, marca que combina la pureza del cacao ecuatoriano con “super alimentos y plantas” del continente suramericano, creando unas barras exóticas y casi mágicas como su barra de café, pimienta rosa y cardamomo, o la de mango y sal de Maras. Los diseño de sus empaques son coloridos y con diseños fuera de lo común, algo que vi en repetidas ocasiones con otras marcas, sin embargo, los empaques de Kacau fueron mis favoritos.

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Muy cerca de Kacau se encontraba Fruition Chocolate, visitando el festival desde el estado de Nueva York. Sus encantadores dueños me permitieron probar sus bombones rellenos de caramelo, los “Brown Butter Bourbon Caramels”, confeccionados en colaboración con otra pequeña empresa de local de Nueva York, los productores de whisky americano tipo bourbon Hudson Valley. Este tipo de colaboraciones se ven con frecuencia, especialmente entre pequeñas y medianas empresas. Los resultados, como en este caso, son usualmente exquisitos.

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Uno de mis chocolates favoritos del festival, el chocolate de leche de Charm School Chocolate (barra), es vegano y confeccionado con leche de coco como una alternativa a las barras elaboradas con lácteos. Me sorprendió por su textura cremosa y sabor delicado con un toque de coco. Estos productos son interesantes e incluso necesarios ya que le dan la opción a consumidores que en el pasado no podían disfrutar del chocolate debido a ciertos ingredientes utilizados en su confección. La ventaja, en ese caso, es que hoy en día existen decenas de productos de esta índole de excelente calidad y sabores magníficos.

 

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¿Una visita que no podía dejar de hacer? El stand de Amano. Sus maravillosas barras con bellos diseños han acumulado más de 150 galardones internacionales y en los Estados Unidos. El fundador de Amano, Art Pollard, ha visitado Venezuela en numerosas ocasiones y establecido relaciones directas con los productores de cacao en nuestro país. Entre las barras confeccionadas con cacao venezolano están Ocumare Village, Chuao Village y Cuyagua Village (las tres 70% chocolate oscuro) y chocolate oscuro Chuao para chefs. Estos chocolatiers consideran el cacao de Chuao el más fino del mundo.

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Otra parada interesante fue en el stand de Dandelion Chocolate (San Francisco, California). Me llamó mucho la atención que parte de su exhibición incluía frutas de cacao frescas y un “Chocolate Melanger” en funcionamiento, maquina en la que los nibs de cacao se convierten en licor de cacao y a su vez éste se refina con el azúcar, permitiendo también que la manteca se distribuya uniformemente dentro de la mezcla, resultando en un producto con consistencia y sabores ideales para hacer barras de chocolate.

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Mi paradas favorita fue en el stand de Escalier Chocolates (Niigata, Japón). Su dueño, con una gran sonrisa y un dominio del inglés limitado que produjo una divertida interacción, estaba ofreciendo muestras del que para mi fue el chocolate más original, el Cuba Smoke Sakura Chips (67% cacao). No sólo fue la primera vez que probé cacao de Cuba, también fue mi primera experiencia con chocolate con sabor ahumado. Definitivamente, un producto nada convencional. ¿Mi veredicto? Me gustó mucho, especialmente porque me encantan los alimentos ahumados.

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Entre las visitas más entretenidas estuvieron Lillie Belle Farms, con sus bombones de gin martini y su Hippie Crunch (arroz inflado con caramelo y chocolate); los chocolates políticos—”The (VERY) Political Collection” con nombres como Tea Party, Flibuster y Left Wing—de Harper Macaw (Washington, DC), quienes utilizan cacao de Brazil escogido con particular cuidado; y Malagos Chocolate de Filipinas, con sus productos bases para hacer bebidas de chocolate y su equipo conformado tanto por la dueña de la granja donde cultivan el cacao que utilizan en sus productos y su “maestro” del chocolate. Me gustó muchísimo el sabor y la textura sedosa de su bebida de chocolate, que disfruté mientras conversábamos sobre sus productos.

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Antes de partir ese día, pasé por el stand de Pacari Chocolate, los apreciadísimos chocolates de Ecuador que cuentan con más de una centena de premios, entre estos varios galardones como la mejor barra de chocolate oscuro del mundo. Sus productos incluyen polvo de cacao, barras y mini barras de chocolate, frutos cubiertos de chocolate y sus “pepas” de cacao cubiertas con chocolate. Fue en Pacari donde me encontré rodeada de los consumidores que consideré como los más “connoisseurs”, algunos de ellos expertos en los productos de la marca. También fue en Pacari donde vi la mayor cantidad de ventas. Dos compradores se llevaron más de diez barras cada uno mientras los estaba visitando.  Debido a la alta demanda de sus chocolates en los Estados Unidos, Pacari comenzó operaciones en California, noticia que fue discutida con mucho entusiasmo por quienes estaban a mi alrededor.

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Ya de salida, pasé por el stand de Jcoco, la marca de chocolates de lujo de Seattle Chocolates. Después de tomar un par de muestras, sonreí al ver los chocolates temáticos ya propiamente de la marca Seattle Chocolates, siempre divertidos y mostrando nuestro orgullo local—un ejemplo es su muy popular “Loud and Proud Truffle Bar” que celebra a los fans del equipo local de Futbol Americano, los Seahawks—además de sus barras como la “Rainy Day” (en Seattle hay dos estaciones, lluvia y no lluvia y la “Thanks-olate Truffle Bar”, una deliciosa muestra de gratitud. Aún cuando no son productos ganadores de premios, son una muestra de como el chocolate también puede servir como una forma especial de honrar a un grupo de personas, una ciudad, o una buena cualidad. 

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Muy cerca de la entrada y salida del evento, estaban dispuestos los escenarios para los talleres. Mi última parada fue para disfrutar por unos minutos de una clase magistral de cómo hacer tiramisú con chocolate. Afortunadamente, la clase venía acompañada de muestras, la manera perfecta para terminar una mañana deliciosa, educativa, e increíblemente social.

Este evento se repite todos los años en la bella ciudad de Seattle, mi segundo hogar. En el 2017 espero asistir a la NW Chocolate Makers UnConference, una oportunidad única para los profesionales de la industria que vienen desde más de 20 países para reunirse a dialogar sobre los elementos más importantes del negocio y sus aspectos sociales. Este es, sin lugar a dudas, uno de los mejores eventos dedicados a la maravillosa industria del cacao.

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