Manuel Armas habla de su viaje con WOFA, las bodegas y los vinos de Argentina

Salentein, 2008

Es muy probable que comencemos a ver un énfasis cada vez mayor en resaltar los terroirs en las etiquetas de vino.

Elemento interesante es ver como conviven de forma armónica productores grandes y pequeños, industrializados y artesanales.

Salentein, 2008

Un día encontré a Manuel Armas recién llegado de una gira organizada por Wines of Argentina a las bodegas más importantes de ese país. Manuel es gerente general de Licores Mundiales, la tienda más grande de vinos en Venezuela y probablemente de la región suramericana. Es profesor del Diplomado en Cultura del Vino y Spirits en la Universidad Metropolitana y tiene un International Higher Certificate del británico Wine & Spirits Education Trust. Es también autor, junto con la periodista Adriana Gibbs, de la Guía Legis del Vino. Inmediatamente me dí cuenta que yo tenía mucho para preguntarle sobre la experiencia vivida y él, un montón de cosas por contarme. Así que después de una larga conversación le pregunté si me respondería unas preguntas escritas, sus respuestas llegaron esta mañana y aquí comparto con ustedes.

¿Qué fue lo que más te impresionó de la Gira de Wines of Argentina?

Argentina es un territorio de contrastes, más aún cuando de vinos se habla. La diversidad de sus microclimas, tradiciones y costumbres le hacen un país diverso y rico digno de conocer en profundidad.

Cuando se habla del vino argentino en el mundo, casi de manera uniforme el consumidor piensa en Mendoza por ser esta la zona de mayor prestigio y proyección internacionales, sin embargo ¿Sólo Mendoza se encuentra en la actualidad produciendo vino de calidad? Definitivamente no. Existe un amplio abanico de zonas y productores a lo largo y ancho del territorio argentino que buscan producir grandes vinos, con personalidad propia y que resulten cercanos al consumidor. Allí la industria argentina tiene un gran reto: Fomentar la proyección de estas zonas en el mundo.

El camino por recorrer aún es largo, sin embargo, observo con satisfacción que existe toda la voluntad política para llevar esto a cabo, pues el esfuerzo de Wines of Argentina en pro de la difusión del vino de su país se refleja en una actividad como la gira.

De forma particular, un elemento que me impactó es el interés de productores de diversa índole en explorar e investigar sobre la influencia del micro terroir sobre cada variedad. Esto, tal vez hace cinco años era impensable para el llamado “nuevo mundo del vino”.

La defensa que hacen los productores de Chile, Argentina, Australia, Estados Unidos y Nueva Zelanda de colocar a la variedad de uva como estandarte de cada vino por encima de su origen parece estar cambiando y ahora se acepta que, cada variedad puede tener distintos comportamientos (aromáticos, gustativos) de acuerdo al sitio donde se desarrolle.

Por otra parte, en Francia, por ejemplo, país marcadamente tradicionalista y que desarrolló el concepto de “terroir” a partir del cual la Comunidad Europea estableció sus sistemas de clasificación del vino, ha aprobado recientemente, y para algunas apelaciones, la colocación del nombre de la cepa en la etiqueta.

De tal modo que los extremos vienen acercándose. Esto, desde mi perspectiva, sólo traerá beneficios al consumidor, pues ambas vertientes irán complementándose con el tiempo y el debate se centrará sobre los puntos en común.

Desde un punto de vista constructivo, el potencial de Argentina es inmenso para la producción de vinos de calidad en cada una de sus zonas. Esto, a todas luces, fortalecerá su posición en el mundo, siempre y cuando la industria sea efectiva en mostrar al mundo sus elementos diferenciadores.

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Visitaron desde Salta hasta la Patagonia. Cómo describes brevemente los vinos de…

Salta

Ubicada en el norte del país, Salta es una región cuyos paisajes quedan plasmados en la memoria de quien la visita. De gente pausada y cordial, Salta pareciera que vive a otro ritmo. Aún se puede notar en la zona, cierto espíritu campechano que redunda en una forma de ver la vida mucho más tranquila que la del común denominador de nuestras ciudades sumidas en el estress.

Colome, Salta, Argentina

En Salta se duerme entre viñedos y lagos, bajo el amparo de cielos profundamente despejados que casi siempre son capaces de mostrarnos las principales constelaciones de estrellas. Se trata de un paraíso donde el silencio forma parte del entorno, y la magia se vuelve cotidiana.

¿Sus vinos? Frescos y aromáticos los blancos, elaborados mayoritariamente a partir de la uva Torrontés, que en esta zona alcanza su mayor complejidad aromática y contundencia. Son vinos que pueden perfectamente sentarse a la mesa, con pescados suaves y pastas con salsas delicadas, por ejemplo. Sus trazas florales llegan a cautivar diversos paladares, más aún si están elaborados con dedicación. Los vinos tintos también se están trabajando de forma importante. Considero que existe un gran potencial para el Merlot en la zona. Es acá donde logra alcanzar un muy buen nivel de sus especiadas trazas aromáticas, tan características de la variedad.

San Juan

Tal vez la más discreta zona de producción argentina en cuanto a proyección nacional e internacional. Sin embargo, debo decir que San Juan viene trabajando sigilosamente en un enfoque que busca elaborar vinos de muy buena relación calidad – precio.

La inversión tecnológica en la zona sorprende de forma positiva, y sus caldos sin duda se convertirán en una referencia en los próximos años, logrando un sitial importante entre los vinos de consumo frecuente.

La oferta se fundamenta en las cepas tintas más emblemáticas para Argentina (Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon) y de forma un poco más reciente, algunos intentos exitosos con blancos ligeros, elaborados de Sauvignon Blanc algunos y otros de cepas italianas, como por ejemplo el Pinot Grigio.

ZUCCARDI Bodegas

Mendoza

Sigue siendo la región más importante para el vino argentino, no sólo en términos de producción, también es la que logra captar mayores índices de inversión publicitaria para sus vinos, dentro y fuera de Argentina.

Mendoza es una zona extensa, donde además de la producción de vino de calidad, la industria petrolera encuentra su eje, lo que ha dotado a la zona de una bonanza económica beneficiosa también para la industria del vino, pues la infraestructura de servicios se muestra robusta.

Las mallas dise?adas por Marchevsky, en Dominio del Plata, contra el inclemente granito

¿Algo de los vinos de Mendoza que no se haya dicho? Creo que muy poco, sin embargo, al igual que en el resto de Argentina, sorprende la diversificación en las cepas, más allá del tradicional Malbec. Otro elemento interesante es ver como conviven de forma armónica productores grandes y pequeños, industrializados y artesanales. Funcionan como una gran comunidad de instituciones en pro de un mismo objetivo, comparten conocimientos y descubrimientos. En fin, es una hermandad creada en torno al vino de la que todos debemos aprender.

Patagonia

La Patagonia argentina es avasallante, incluso inexpugnable diría yo. Los extensos recorridos que debe uno hacer para llegar a las zonas vinícolas luego de arribar al aeropuerto más cercano, en medio de grandes explanadas y con majestuosos paisajes a ambos lados de la carretera abruman, elevan el espíritu a dimensiones a veces no exploradas.

Además, asistir a la Patagonia en pleno verano, y observar cómo las cálidas brisas del desierto golpean los viñedos de forma inclemente y que a su vez, la planta ha ido desarrollando vides con granos más robustos para protegerse, hace que uno reflexione acerca de la sabiduría de la naturaleza, tan grande como la mano de Dios.

Por otra parte, observar a productores artesanales como, por ejemplo, Hans Vinding Diers trabajar con pasión por obtener del terroir patagónico la máxima expresión, reconforta el alma.

Salta es reconocida por sus Torrontés y Mendoza por sus Malbec. ¿Cómo han cambiado estos vinos emblemáticos en los últimos años?

Argentina ha dado un giro rotundo hacia la calidad. Luego de las crisis financieras vividas en décadas pasadas, los productores han aprendido que el mercado exterior es vital para sostenerse, y que si desean acceder a él, la calidad debe imperar. Esto hace que cada día los productores se dediquen más a explotar el mayor potencial del viñedo que tienen a la mano.

Así, hoy en día el Torrontés es mucho más que el vino débil en estructura con muchos aromas florales. Ahora el Torrontés puede sentarse a la mesa, sus niveles de acidez han mejorado notablemente, e incluso en algunos aparecen paletas aromáticas que antes eran muy difíciles de encontrar. Sin duda, estamos en presencia de otro nivel de calidad.

Adicionalmente, hoy vemos grandes y costosos Malbec en los anaqueles de las grandes tiendas especializadas en el mundo. Vinos que se atreven a asistir, en competencia con clásicos franceses, a catas a ciegas organizadas por poderosos grupos económicos. Sin duda, están pasando cosas muy buenas en la industria argentina y eso se refleja en la calidad de sus vinos.

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Hay bastante más que Malbec y Torrontes en Argentina… ¿Cuáles te parecen los más novedosos y por qué?

Tal como comentaba anteriormente, sorprende ver a tanta gente empeñada en explotar el potencial de la zona donde se encuentran. Cada cual con su filosofía (al fin y al cabo nadie es poseedor de verdades absolutas), todos se dedican con pasión en que cada botella de vino que sale al mercado sea la expresión máxima de una zona, un viñedo, una cepa, una cultura.

¿Dignos de destacar por sobre la mayoría? Los productores artesanales para mí siempre tendrán un lugar especial. El cuido de los detalles, que no siempre implican grandes inversiones tecnológicas, me enamora. Más aún cuando encuentro maravillado que ese cuidado, que ese trabajo incansable se ve reflejado en sus vinos sin que ellos tengan que explicarlo al catador, sea profesional o aficionado. Todo lo bueno, se reconoce muy fácilmente.

Me gustan los vinos artesanales porque tienen alma, porque no están elaborados en función de vender más botellas, ni para satisfacer un mercado o perfil de consumidor. Me gustan los vinos artesanales porque me inducen al silencio, a encontrarme, como bien decía el profesor Peynaud “personalmente con mi copa”. Son estos vinos, más allá que las cepas a partir de las cuales se elaboran, los que logran acaparar mi preferencia.

Me contabas de las diferencias que han notado en las uvas cultivadas entre una parcela y otra, siendo las mismas. ¿Pueden diferenciarse tanto como para que requieran etiquetas diferentes? ¿Cómo crees que ira cambiando esto a la industria vitivinícola argentina?

Increíble, pero sí pueden diferenciarse de forma importante. Para mí fue todo un descubrimiento, pues estaba acostumbrado a pensar en Argentina en función de sus cepas y no de sus terroirs (aún cuando ya conocía las diferencias entre sus zonas). Tan importante es el fenómeno que se está viviendo, que los productores están conscientes que, dependiendo hasta donde se llegue, Mendoza, por ejemplo, puede quedar tan atomizada en micro terroirs como la Borgoña francesa. El esfuerzo en descubrir las diferencias en cada territorio y el comportamiento de las cepas en ellos, significa un nuevo enfoque para la industria, sin duda.

Ahora bien… ¿Qué significa para la industria del vino argentino este nuevo enfoque? En primer lugar, debo decir que implica costos, pues todos los productores, de acuerdo a la capacidad de su músculo financiero, vienen desarrollando importantes procesos de investigación. Inclusive, se han adelantado en las bodegas más grandes estudios de alto impacto, realizados mediante tecnología de última generación en la industria agrícola (electro conducción, por ejemplo).

Por otra parte, los resultados de estas exploraciones, (que aún están por verse), pueden cambiar de manera considerable la forma en la que el vino argentino se comunica con el consumidor. Resulta bastante probable que, a futuro, comencemos a ver un énfasis cada vez mayor en resaltar los terroirs en las etiquetas de vino. Esto implica también una ofensiva comunicacional capaz de explicar al consumidor las diferencias entre, por ejemplo, un Malbec de Lujan de Cuyo y otro de Barrancas. ¡El reto es inmenso y a largo plazo! La interrogante al respecto es cómo reaccionará el consumidor.

Bodega La Rural, Museo del Vino, 2008

¿Cómo influye o ha influido la iniciativa de WOFA al organizar giras para periodistas, sommeliers, enólogos en el mercado venezolano?

El esfuerzo de todo el equipo WOFA es verdaderamente admirable. Comentaba en una oportunidad con nuestro amigo y anfitrión en común, Hugo Sabogal, que el viaje organizado implica tal nivel de logística, que sin la organización de ellos, resulta casi imposible de hacer. Grandes distancias, una agenda perfectamente engranada y coordinada, toda una nube de periodistas, sommeliers, críticos gastronómicos, productores y personajes influyentes girando en torno al vino argentino y sus novedades.

Y lo más importante: Siempre espacio para la sonrisa y una copa de vino entre amigos que comparten una pasión. Este esfuerzo, al igual que muchos otros de los que realiza de forma constante WOFA están rindiendo sus frutos. No me cabe duda que cada uno de los personajes que asisten a una invitación de WOFA, regresa con una fotografía mucho más acertada del vino argentino, pudiendo convertirse en embajadores de tan gran país, de sus vinos, gastronomía y costumbres.

Manuel nos seguirá contando de sus experiencias en el amplio y complejo mundo del vino.

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