Hallacas: Una fiesta de Navidad

HALLACA

Las hallacas se comen en Venezuela tradicionalmente en época de fiestas navideñas. Hacerlas es en realidad toda una celebración llena de costumbres, nostalgia y alegrías familiares. Cada familia sigue su rito y su receta para hacerlas. Mientras unos escuchan gaitas, villancicos o guarachas, otros toman ponche crema o guarapo de papelón y todos se ubican en la cocina, en el pantry y hasta en el patio de sus casa si lo hay. Siempre llega alguien de repente que no ayuda, pero que pellizca la masa, las aceitunas y la gallina también. Nunca falta quien se lleve unas cuantas almendras en el bolsillo para después.

Hay uno que siempre pelea para que nadie se coma las hallacas el día que se hacen porque “Mañana es que saben bien” y otro que no aguanta y la esconde hasta dentro del horno microondas, como sea, para después y para que no se den cuenta que es el “primer probador”. La mamá siempre tiene una lista de a quiénes les va a dar “aunque sea una” y el papá de a quienes va a invitar “para celebrar”. Los hijos no dicen, se las llevan a sus panas… “Y ¿Qué importa? ¡Ya está!”. Es parte de la alegría de nuestras hallacas, para eso se hacen como debe ser, en familia, entre todos y en navidad para compartir.

Esta vez les tengo un cuento, uno diferente, uno que escribí para mi espacio en Facebook, con unos secretos que ojalá les sean útiles este año.

El cuento de las hallacas…

Varias personas me han preguntado si las hago para vender y otras por qué me adelanté tanto para hacerlas, empezando octubre. No, no las hago para vender…

La verdad es que el año pasado nos sobró mucho guiso y decidimos congelarlo para hacer hallacas para nuestro cumpleaños, el 5 y 6 de abril.

Varias veces intentamos conseguir la masa como nos gusta, hecha con maíz pilado, no con harina precocida. Cada vez que llamamos nos dijeron que no había y fuimos corriendo la fecha hasta la semana pasada, cuando finalmente pudimos encargarla.

La verdad es que yo soy la primera sorprendida. Dudé muchísimo que el guiso se hubiera conservado, pero así fue.

Conseguimos la masa y solo tres días después conseguimos las hojas, por lo que tuvimos que guardar la masa, con temor, en la nevera creyendo que se podía dañar.

El guiso se conservó y descongeló perfecto, la masa se mantuvo bien y las hallacas resultaron ser las más sabrosas que hemos hecho en estos 25 años que tenemos de casados.

30 hallacas en esta familia de glotones se acaban rapidito. ¡Se acabaron ya! En diciembre, si Dios quiere, volverá la fiesta. Haremos más. Y si sobra guiso, sin temor alguno lo congelaremos otra vez.

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