En mi copa, El Dorado

oporto

Foto: Jon Sullivan

Manuel Armas escribe para los lectores de MilSabores…

Si existe un tipo de vino cuya paleta de colores resulta cautivadora, ese es, sin lugar a dudas, el vino de Porto. En ninguna otra categoría el color se expresa con tanta contundencia y diversidad (salvo en el vino de Jerez, cuya excepción confirma la regla). Conformado por distintas categorías, el OPORTO se muestra coqueto e interesante, brillante y maduro, pero por encima de todo diverso.

Y es que la diversidad cuando de vinos hablamos tiene gran valor. Si empezamos con la uva, el origen de todo, tenemos que en la región se elabora porto con más de 80 variedades distintas, que se mezclan y combinan en multiplicidad de opciones cuyo alcance nuestra vista desconoce. Es allí donde la variedad única, a la que tanto nos acostumbran enólogos y productores modernos, pierde vigencia, pues el encanto de la integración armónica de atributos sin duda enamora y atrapa.

Luego tenemos que es un vino cuya fermentación ha sido interrumpida mediante la adición de alcohol, proceso que en Portugal llaman de forma sabia “apagamiento”. Este proceso, cuenta con la maravillosa particularidad de llevarse a cabo según el criterio de cada productor, de modo que no existe un resultado único: encontramos vinos de porto más o menos dulces, según se decida en bodega.

Y aunque de forma global, el vino de Porto sea relacionado en la mente del consumidor como un vino tinto, también cuenta con su versión blanca. Se trata de caldos que unas veces se muestran pálidos y otras de color dorado intenso. En el fondo, se trata del mismo dorado que cubre con melancolía a las ciudades encantadoras, esas a las que anhelamos volver, cuando el sol se oculta y la luz artificial aparece de nuevo para facilitar el disfrute nocturno, o quizás el retorno al hogar.

Otro elemento digno de resaltar es la oxidación deliberada (incluso en los blancos) que lo hace único. Para el “White Port”, que se elabora de variedades blancas, los hollejos muchas veces se maceran con el mosto, y esto se logra en la mayoría de las ocasiones con presencia de oxígeno, por lo que el vino se oxida dando paso a una paleta aromática particular. Aunque no se realiza siempre, esta práctica de algunos productores hace ganar en complejidad.

Además, el aguardiente vínico con el que se realiza el “apagamiento” en proporción ¼ (una parte de aguardiente por cada cuatro de vino) es seleccionado a conciencia por el productor, pues su alcance aromático también incidirá en los atributos finales del producto, que una vez se obtiene, permanece en madera (roble portugués y otras variedades exóticas) entre dos y cinco años, según decisión del bodeguero y las mezclas que en su mente tenga, ¿Qué mas diversidad que esto?

Contemplo desde mi estudio este sábado en la noche y, mientras la ciudad se apaga para unos y para otros se enciende, saco de mi humidor un “San Cristobal de la Habana La Punta”… Tiro delicado y combustión uniforme… Suavidad mágica que me resulta perfecta para acompañar mi helado Porto Sandeman White con Cesaria Evora al fondo. Pienso en la desdicha de tantos exploradores que, extasiados ante la leyenda del Dorado, perdieron sus vidas tratando de encontrarlo, sin saber que, quinientos años después, lo he descubierto en mi copa.

Manuel Armas

Manuel se define como sibarita y conocedor de Vinos y Spirits. Es co-autor de la Guía Legis del Vino. Profesor del Diplomado de Cultura en Vinos & Spirits de la Universidad Metropolitana y gerente general de la tienda Licores Mundiales en Caracas.

Ha certificado sus conocimientos con un Higher International Certificate en WSET y posee un Master en Gestión de Marketing de la Escuela de Organización Industrial de Madrid. Se encuentra próximo a iniciar un Master en Periodismo y Comunicación Digital en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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