El pescado estaba fr?o y seco, muy seco

 

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Ayer,  andaba con un fuerte dolor de cabeza que solo se quitaba con dos aspirinas y al pasar el efecto volv?a. Cuando mi hermana Valentina me llam? para que llevaramos a los chamos al cine me pareci? maravilloso que ella los llevara. Asi que se los entregamos en la puerta del cine y Vicente y yo nos fuimos a un restaurant a almorzar. As? no tendr?a yo que hacer m?s nada en mi casa, ni preparar platos, ni lavar platos.  As? podr?a ir finalmente a conocer el restaurant que ten?a pendiente.

Para empezar, nos preguntaron que quer?amos tomar y nos lo trajeron rapidito. Tambi?n una cesta llena con unos pancitos muy ricos y la salsita para acompa?arlos. Hicimos nuestro pedido y mientras esperabamos la comida nos agotamos los pancitos y la salsita. Por fin, llegaron nuestros platos. Un ceviche, una pasta, todo normal. A Vicente no le gust? mucho la pasta pero eso se lo atribuyo a que cada quien tiene sus gustos y preferencias y nada ten?a que ver con que estuviera bien preparado o no. A mi si me gust?.

Con el plato principal, la cosa cambi?. El pescado que el pidi? estaba fr?o -casi helado- y seco. Muy seco. Mis pastas estaban ricas. Dej? un poco menos de la mitad solo porque hab?a comido demasiados pancitos y el ceviche hab?a sido grande. Pero el pecado no se pod?a comer. Nunca devolvemos lo que no nos gusta. No es nuestro estilo. Sobre todo porque yo se que hay cocinas de restaurantes donde se forma un saperoco cuando alguien devuelve un plato. Y en este creo que suceden. Pero el pescado estaba fr?o y seco. Muy seco. Lo devolvimos. Ser?a la ?nica manera de decirle al chef que no nos hab?a gustado. Que algo grave hab?a pasado en la cocina y que el saperoco deb?a inevitablemente suceder.

Al ratico nos trajeron nuevamente un plato con pescado. Esta vez estaba calentico. Hasta tra?a humo y todo. Pero para nuestra gran desiluci?n el pescado estaba seco, segu?a muy seco. “Parece que lo cocinaron por primera vez anoche y lo recalentaron hoy tres veces” me dijo mi esposo, razonablemente molesto.

Para mi defensa -era yo quien hab?a insistido en ir a ese lugar- Vicente reconoci? que la gente del restaurant es seria, honesta, responsable. El pescado estaba fr?o y seco, muy seco, y por eso no nos lo cobraron. Al salir pedimos nuestro carro. Vimos como el se?or nos lo trajo comi?ndose tremenda flecha, a toda velocidad y, como si fuera poco, en retroceso. “No te preocupes mi amor, -alcanz? a decir Vicente-, si lo choca nos los paga la gente del restaurant”.

De alli casi que salgo directo a una UCI, el dolor de cabeza fue peor y solo me qued? la lecci?n repetida mil veces. Son cosas que pasan en miles de restaurantes alrededor del mundo, todos los d?as. Por eso no digo el nombre del restaurant. Solo su chef -que si estaba all?- sabe que el pescado estaba fr?o y seco, muy seco. El cocinero puede ser cualquiera, en cualquier restaurant del mundo, la lecci?n tambi?n es la misma.

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