Dulce, pero MALAMADO

FZ

Manuel Armas escribe para los lectores de MilSabores.

José Alberto y Sebastian Zuccardi, los hombres tras el MALAMADO.

José Alberto lleva en sus venas el amor por la tierra y sus trabajos. Su padre, un ingeniero argentino descendiente de italianos, le transmitió casi de manera instintiva el apego al viñedo, con sus desafíos y silencios. José Alberto comprendió con suficiente olfato que, dado su privilegiado conocimiento, debía adaptarse a nuevas circunstancias y reinventar el proyecto que daba sustento a su familia. Así, se incorpora en 1976 a la empresa familiar: Bodega Familia Zuccardi.

La bodega, cincuenta años después, conserva el mismo espíritu familiar de antaño, aunque tenga una estructura administrativa más parecida a una corporación. Al visitarla, se percibe que la familia vive en función de ese proyecto, y que la bodega se desarrolla por el ímpetu y los valores familiares. Siempre, todos los miembros de la familia Zuccardi están buscando más, y nunca la sonrisa ante el visitante abandona la exposición que se hace de los actuales y próximos proyectos.

Desde que asume la Dirección Ejecutiva de la empresa, José Alberto Zuccardi se convierte en un gran motor capaz de potenciar con pasión las aptitudes de sus hijos. Además, con extraordinaria habilidad logra vincular de forma armónica cada uno de sus talentos al desarrollo de la bodega. “Sebas”, su hijo mayor, al frente de las fincas de la bodega en el Valle de Uco, Julia encargada de desarrollar los proyectos turísticos vinculados al viñedo y Miguel apostando al aceite de oliva como producto fundamental de una dieta para dioses: pan, aceite y vino.

En medio de la crisis financiera del año 2000, los productores argentinos enfrentan su más grande desafío: conquistar los mercados internacionales. Para lograrlo, debían trabajar en la calidad de sus vinos y, más aún, se ven en la necesidad de buscar su propia identidad. Familia Zuccardi, a la vanguardia de la industria se atreve a explorar un vino único: MALAMADO.

Siguiendo el método de elaboración de los vinos de oporto, MALAMADO es un vino cuya fermentación ha sido interrumpida antes que las levaduras terminen su labor. Esta interrupción se realiza añadiendo alcohol vínico al mosto en proceso de transformación, matando a las levaduras y por ende, obteniendo un vino de alta graduación alcohólica y poseedor de una importante cantidad de azúcar residual, no consumido por estas levaduras.

Resulta ideal, por la fuerza de su fruta y la estructura que le dan sus taninos, para combinar con postres a base de chocolate (también robusto y de incisivo sabor). Llevar un bocado de chocolate, sea amargo o con leche al paladar, en compañía de un MALAMADO, puede resultar en una grata explosión de sabores, de alcance desconocido.

No siempre los ensayos para combinar vino tinto y chocolate son lógicos, y mucho menos exitosos. Asombran a veces intentos desmedidos en combinar vinos de taninos ásperos e indómitos con chocolates fuertes, demasiado estructurados como para competir con otro elemento que, lejos de complementarlo y hacerlo más agradable, se transforma en un agresivo competidor. Este no es el caso de MALAMADO.

Me encuentro en “La Casa del Visitante” el centro turístico gestionado por Julia Zuccardi donde los visitantes pueden apreciar una obra de arte, cosechar aceite, podar vides o incluso sobrevolar viñedos en globo aerostático. Con copa de MALAMADO al frente, degusto un postre a base de aceitunas caramelizadas y chocolate blanco. Sebas, aprovecha para contarme que también elaboran otros dos fortificados pero blancos, uno dulce y el otro seco. A estos vinos también le han puesto MALAMADO (a pesar de no ser elaborados a partir de malbec), y mientras discutimos sobre la pertinencia del nombre, un potente retrogusto me envuelve. Tal vez sea hora de tomar otro sorbo.

El proceso de fermentación…

El proceso de fermentación de un vino no es más que la conversión de un jugo azucarado de uvas llamado “mosto”, en vino, para lo cual unas levaduras silvestres o inducidas deben consumir el azúcar y transformarlo mediante procesos metabólicos en alcohol y dióxido de carbono. En los vinos tranquilos, el dióxido de carbono se libera, y ahora tenemos al frente una bebida capaz de reconfortar el espíritu del hombre.

Puedes contactar a Manuel por su Twitter: @M_Armas

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