Azul Romero, una aventura fascinante.


Diane y Anderson Romero, en Azul

Cuando comprend? la magnitud de lo que me contaban mis hijos sobre Joshua, Daniel, su morocha Anderson y sus padres, Diane y Juan Antonio, les ped? rapidamente que le preguntaran a la mam? si podr?a conversar conmigo, especialmente para MilSabores.

Amaneci? un d?a hermoso, el sol estaba radiante y hab?a un calor de playa divino para nadar. Despu?s de desayunar con mi familia, temprano en la ma?ana, llegu? al muelle y a la puerta de Azul, el catamar?n de 44 pies donde esta gente maravillosa ha pasado todo el a?o y planifican pasar, por lo menos, los pr?ximos tres a?os de sus vidas. Se muy poco sobre embarcaciones, por eso sobre Azul puedo apenas contarles lo que percib? con mi humilde mirada.

Es un catamar?n grande, que luce nuevecito -lo adquirieron de segunda mano-, es blanco y tiene detalles en azul marino. Sus inmensas y blancas velas recogidas me hicieron fantasear, al subirlas so?ando me fu?, sin rumbo determinado, a ver tierras maravillosas, nunca antes visitadas. El viento hac?a sonar las velas, el movimiento me hizo creer que flotaba en el mar, sali? Diane me pidi? que esperara, hablaba por tel?fono con un familiar en Estados Unidos. Ese d?a Juan Antonio, su esposo, estaba en Caracas con los hijos varones, no pude conocerlos a ellos. Pronto, cuando regrese a Puerto La Cruz, los visitar? de nuevo.

Nos encontramos a la orilla de una piscina. Diane me sorprendi?, lleg? con Anderson, no hablan espa?ol. Logramos entendernos, aunque con algunas palabras en ‘spanglish’ de por medio. Saben bastante sobre Venezuela, quieren ir a M?rida en diciembre y en cualquier momento al archipi?lago Los Roques. Estuvieron en Margarita varios d?as, les gust? la Bah?a de Pampatar, pero prefieren las costas de Puerto La Cruz y sobre todo, de Mochima.

“We don’t fight, because we like each other” respondi? con ?nfasis Diane. Yo le hab?a comentado que no lograbamos entender c?mo una familia de cinco personas, incluyendo tres ni?os, lograban vivir en un catamar?n y en altamar sin discutir. Percibo que el truco est? en saber que est?n juntos porque se quieren unos a otros, y porque juntos est?n desarrollando un gran proyecto anhelado por todos.

Diane Walker es norteamericana, estaba en Francia cuando conoci?, hace unos veinte a?os, a Juan Antonio Romero, un venezolano hijo de espa?oles que estuvieron residenciados en Venezuela durante muchos a?os. El estudi? biolog?a marina. Se casaron en 1989 y comenzaron a navegar. Se dieron cuenta que ven?a un beb? en camino -Joshua- y decidieron hacer residencia en tierra, con responsabilidad hacia ?l. El dinero no ser?a suficiente hasta llegar a Australia. Asi que aceptaron un trabajo en Italia, de all? se fueron a Devon, en el Reino Unido, donde estuvieron ahorrando durante ocho a?os para la aventura que hab?an suspendido. Juan Antonio fund? su propia empresa, ahora hace los acuarios m?s variados y grandes del mundo y realiza filmaciones submarinas en lugares ex?ticos que son utilizadas para grandes pel?culas y series de canales de televisi?n, como el Discovery Channel. Hace doce a?os nacieron los morochos Daniel y Anderson, quien se ha visto obligada en Venezuela a usar su segundo nombre, Rocio, porque aqui nadie le entiende cuando dice que se llama Anderson.

Diane me cuenta que en Florida, el diez por ciento de los jovenes se han unido a un movimiento de “home schooling”, es decir, que no asisten al colegio y que aprenden en casa, bajo la guiatura de sus padres o cualquier otra persona escogida. Diane est? especialmente preparada para ense?ar a sus hijos las matem?ticas y las ciencias. “El resto, como la geograf?a y los sociales, lo aprenden durante nuestras traves?as y estad?as en los diferentes lugares. Ellos son amigables, han hecho amigos en todas partes donde hemos estado. Siempre se han involucrado con las diferentes culturas y costumbres”. A la orilla del muelle tienen varias bicletas especiales para quienes navegan. Se doblan y quedan peque?itas. Tambien una patineta grande, un dingui y los skis de agua. Tocan el piano de maravillas, saben bucear en las profundidades del oceano, a todos les gusta la lectura y se aburren solo cuando tienen poco trabajo de navegaci?n. Para ellos lo normal es estar en altamar, no en tierra. “En tierra es m?s aburrido para ellos” cuenta la mam?.

Al llegar a un lugar, salen corriendo a conocerlo y a probar los diferentes platillos tipicos de la regi?n. “El d?a de llegada hacemos una fiesta, vamos a un restaurant. Aunque nos encanta la comida de la calle, la de los carritos que deambulan por all?. Esa comida siempre es diferente para nosotros y casi siempre es la m?s t?pica de la regi?n que visitamos. Tiene un encanto muy especial”.

Azul ha recorrido varias islas del Caribe, como Rep?blica Dominicana, Puerto Rico, Guadalupe, Martinica, Dominica, St. Lucia y Granadinas. Diane me cuenta que son muchos los vegetales, las legumbres y las especias diferentes con las cuales se ha encontrado. “Es incre?ble probar hasta las mismas especias y ver c?mo sus sabores y olores var?an de un lugar a otro. Cada isla tiene su especia. Nos gustan mucho”. Siempre procura ir al mercado con alguien de la zona, asi va preguntando c?mo se prepara cada cosa desconocida por ellos y lo prueban. “As? hemos comido cosas deliciosas”.

Contrariamente a lo que uno imagina de la vida en el mar, Diane asegura que no le gusta cocinar con productos enlatados. “Claro que a veces tengo que recurrir a ellos, pero los evito, no tienen buenos sabores y aseguran que no son muy saludables. Tengo un libro buen?simo, especialmente escrito con recetas para la cocina de los navegantes, lo leo bastante y he preparado muchas de sus recetas. Prefiero usar ingredientes completamente naturales, aunque sean desconocidos para nosotros”. Confiesa que es fastidioso cocinar mientras navegan, pues el movimiento en el mar hace todo m?s dificil. Muchas veces adelanta la preparaci?n de lo que comer?n cuando esten navegando. De todas formas, a veces les hace falta algunos de sus platos favoritos como los del desayuno de los domingos en Devon, las pancakes que hac?an con polvos semi preparados. Pero recurren a su libro favorito y se las ingenian.

Como no imaginar…Les encanta la pesca, y al pap? cocinar lo pescado, en la parilla, al aire libre. “Estas costas son fabulosas, en ellas hay de todo. La variedad es inmensa y deliciosa, y la cantidad es asombrosa. Apenas lo intentan ya tienen un mont?n de peces picando”. Ante mi pregunta, Diane se priva de la risa mientras me comenta divertida…”Ah, si, claro…Juan, como es venezolano, se mor?a por volver a comer sus teque?os… yo siempre le hechaba broma con eso, y por fin volvi? a deleitarse con ellos al llegar a Venezuela”.

Diane no sab?a que el cacao venezolano es el mejor del mundo y que Chocolates El Rey figura entre los cinco mejores del mundo. Por eso y como buena chocoholica que soy, corr? a comprarles un Gran Sam?n, un Bucare, un chocolate para taza y uno cien por ciento cacao. En la noche, cuando ya el calor hab?a disminu?do y la brisa se hac?a sentir, llegue al muelle de Azul, llam? a Rocio y le di un trocito a probar. El resto se lo llev? a su mam? para que les preparara ricos brownies o soufl?s. Porque en altamar tambi?n comen postres, y… ?Divinos!…

Diane me prometi? que me enviar?a unas fotos de su familia, de sus hijos, de su cocina en Azul. Generosamente, me prest? su libro “Cruising Cuisine, Fresh Food from the Galley” con m?s de 450 recetas escritas por Kay Pastorius, una se?ora que vivi? y cocin? durante muchos a?os mientras navegaba con su esposo entre las costas de California y Mexico. En ?l resaltan t?cnicas de aprovisionamiento, conservaci?n, preparaci?n y equipamiento de una buena cocina para navegar.

Para ver la p?gina web de Azul Romero puedes hacer click aqui.

This Post Has 2 Comments

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